Eduardo Emilio Vilarete sobre sus goles de cabeza: "Fue la virtud que me dio papá Dios"
El atacante samario fue campeón con Nacional en 1976 y 1981 y también jugó en Bucaramanga, Unión Magdalena y Tolima.
Eduardo Emilio Vilarete perteneció a una estirpe de centrodelanteros muy poco común en el fútbol colombiano. Medía 1.86 de estatura, era fuerte, excelente cabeceador y ningún defensa, por muy recio que fuera, lo intimidaba.
Su principal virtud fue el juego aéreo, tanto así que se ufanaba de decir que de los 204 goles que marcó en el fútbol profesional, más de 100 los hizo con la cabeza.
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Su primer equipo profesional fue el Atlético Bucaramanga, al que llegó en 1974, luego de que Édgar Barona, veedor del equipo leopardo, fuera a buscarlo a su natal Santa Marta.
En varias entrevistas, Vilarete contó que, en el Bucaramanga, cada vez que había un tiro de esquina, o que Eduardo Guilio, delantero brasileño, levantaba un centro, la gente en el estadio se ponía de pie porque veía venir su gol de cabeza. “Fue la virtud que me dio papá Dios”, solía decir.
En el Bucaramanga hizo una gran campaña en 1975 bajo el mando del argentino Víctor Pignarelli. En ese equipo, que quedó quinto en el hexagonal final, tuvo como compañeros a Alfredo Arango, Roberto Frascuelli, Eduardo Guilio, Misael ‘Papo’ Flórez y Osmar Miguelucci, entre otros.
Pese a su gran campaña, al año siguiente, sorpresivamente, el Bucaramanga lo mandó a jugar al Unión Magdalena. Junior, a través de Fuad Char, ya se había interesado por traerlo a Barranquilla, incluso, arregló un jugoso contrato con el directivo rojiblanco, pero tuvo que acatar la orden del dueño de su pase y viajar a Santa Marta. No jugar en Junior fue una tarea pendiente que le quedó en su carrera.
En el Unión Magdalena, Vilarete apenas duró seis meses, ya que Bucaramanga lo prestó, a mediados del 76, al Atlético Nacional, en una historia bastante particular.
–“¿Quién es el mejor nueve del fútbol colombiano?”, le preguntó Oswaldo Juan Zubeldía, técnico de Nacional, al presidente del equipo (Hernán Botero)
–“Vilarete”, respondió Botero.
–“¿Cuántos goles hizo?”, preguntó nuevamente Zubeldía.
–“Cuatro”, fue la respuesta de Botero.
Zubeldía no lo podía creer. “¿Cómo va a ser el mejor delantero un tipo que solo marca cuatro goles?”.
–“No lo mire por lo que hizo ahora, sino el año pasado”, contestó Botero refiriéndose a los 18 goles que el samario había marcado con el Bucaramanga en el 75.

Vilarete llegó a Medellín y se puso la camiseta de Nacional, con el cual salió campeón ese año. Llegó para reemplazar nada menos que a Hugo Horacio Lóndero y para compartir camerino con Oswaldo Marcial Palavecino.
En el 77 volvió al Bucaramanga, pese a que pidió a gritos que lo dejaran en Nacional para jugar la Copa Libertadores. Su ansiado regreso al cuadro verdolaga se dio en 1979 y en 1980 fue segundo máximo goleador del campeonato con 24 tantos, dos menos que el argentino Sergio ‘Flaco’ Cierra, del Pereira. Con Nacional volvió a salir campeón en 1981.
Tenía fama de rumbero, pero aún así gozaba del beneplácito de los técnicos porque llegaba el domingo y resolvía los partidos con sus goles.
La sentada sobre el balón en el Maracaná
Con la Selección Colombia, Eduardo Emilio Vilarete se hizo más famoso por la sentada sobre el balón en el estadio Maracaná que por sus goles.
Fue el 9 de marzo de 1977, en partido por la Eliminatoria al Mundial de Argentina. Tras el cuarto gol de Brasil, marcado por Marinho, Vilarete llegó al centro del campo a recriminar a sus compañeros.
Les preguntaba a Óscar Bolaño y a Diego Umaña, qué les pasaba. Lo mismo a sus paisanos Eduardo Retat y Oswaldo ‘Pescaíto’ Calero, que si no eran capaces de pegarles una patada a Zico, a Rivelino y a Cerezo, cracks brasileños.
“Vila, tratamos y no podemos, hermano”, le respondieron estos últimos.
Vilarete miró para abajo y vio el balón. Lo único que se le ocurrió fue sentarse encima de él. Allí se le acercó Jorge ‘La Fiera’ Cáceres para decirle que hicieran tiempo para evitar que Brasil los siguiera llenando de goles.
Para Vilarete, la sentada sobre el balón le parecía un hecho sin importancia, pero tras el partido, que terminó 6–0 a favor de Brasil, los periodistas lo abordaron para preguntarle por lo que había hecho y ahí entendió la magnitud de su acción.

Eso lo marcó para toda la vida. Siempre que se mencionaba de Vilarete, la frase siguiente era: “el que se sentó sobre el balón en el Maracaná”.
Con Colombia, Vilarete también jugó el Preolímpico de 1976 en Recife (Brasil), la Copa América de 1979 y la Eliminatoria al Mundial de España 82, equipo que fue dirigido por Carlos Salvador Bilardo.
De este último contó alguna vez que le reconoció haberse equivocado al no meterlo en el partido que Colombia le ganaba 2–1 a Uruguay, en Montevideo, y perdió 3–2 en los minutos finales.
“Estaba calentando y pensé que Bilardo me iba a meter por Willington Ortiz, pero prefirió meter a Umaña para cuidar el resultado y perdimos el partido”, afirmó Vilarete.
Se fue un grande de nuestro fútbol, un delantero que los expertos decían que sabía usar muy bien las cuatro partes de la cabeza.
“Hice más de 100 goles con la cabeza. Eso no lo ha hecho nadie en el fútbol colombiano”, decía con orgullo.